¿Las Voyager necesitan una “angioplastía”?
Muchos de nosotros sabemos que estas legendarias navecitas espaciales ya sobrepasaron con creces su expectativa de vida. No solo nos entregaron relatos de nuevos mundos del Sistema Solar exterior ya hace mas de 30 años, sino que también aun hoy en día lo siguen haciendo, pues siguen enviando datos importantísimos sobre el medio interestelar, especialmente registros de rayos cósmicos. Los ingenieros que controlan estas misiones hoy en día no son más de diez (en su momento fueron 1000), y en su mayoría no habían nacido cuando las naves fueron lanzadas en 1977, están tomando medidas para ayudar a garantizar que ambas sondas, continúen explorando el espacio interestelar en los años próximos.
Entre los muchos desafíos con los que tienen que enfrentarse a diario (la tecnología obsoleta, los enormes tiempos en las comunicaciones producto de la distancia, frecuentes actualizaciones de software -“parches”-), fue reportado hace pocas semanas uno que, de avanzar, dificultará la comunicación con las naves. No por una cuestión de telecomunicaciones, ni intensidad de las señales, ni las computadoras de navegación: El problema está en sus pequeños propulsores de gas (hidracina) que permiten orientar las naves y así estas no pierdan contacto con la Tierra.
Estos, aún funcionan asombrosamente bien, y los tanques de gas contienen suficientes reservas. Pero resulta que, los residuos de este combustible, parecen estar acumulándose dentro de los tubos estrechos de algunos de los propulsores haciendo que estos se vayan tapando de a poco, y mucho más después de 46 años, lo que en un determinado momento hará que esta obstrucción impida los movimientos de la nave (arriba abajo, izquierda derecha y alrededor del eje central, como una rueda)… En una palabra, y haciendo una analogía médica, estarían sufriendo de una especie de “aterosclerosis” que haría necesaria algo así como una “angioplastía”. Lamentablemente la “cobertura médica” no llega a los confines del Sistema Solar, por lo tanto está en manos de los médicos, perdón, los ingenieros, el solucionar el problema a mas de 24.000 millones de km de distancia.
Para frenar esa acumulación, los controladores de misión han comenzado a dejar que las dos naves espaciales giren un poco más en cada dirección antes de encender los propulsores. Esto reducirá la frecuencia de disparos. Y al realizar menos disparos y estos ser mas largos, la obstrucción total estiman que podría dilatarse al menos unos cinco años o más. Los ajustes se han diseñado cuidadosamente para garantizar un impacto mínimo en la misión. Si bien una mayor rotación de la nave espacial podría significar que ocasionalmente se pierdan fragmentos de datos científicos (similar a cuando estamos en una llamada telefónica y esta se corta ocasionalmente), permitirá a las Voyager seguir enviando más datos por mucho más tiempo.
Linda Spilker, científica del proyecto en el JPL comenta "A estas alturas de la misión, el equipo de ingeniería se enfrenta a muchos desafíos para los cuales simplemente no tenemos un manual. Pero siguen encontrando soluciones creativas".
Asimismo, también Suzanne Dodd (directora actual del proyecto) hace algún tiempo reflexionaba sobre lo difícil que se hace día a día el seguimiento de las sondas al decir que "cuidar de estas naves es como cuidar a los ancianos..: cada año se hace más difícil".
Mientras escribo esto, y a pesar de estos "achaques", las Voyager día a día siguen enviando valiosa información recorriendo millones de kilómetros diariamente. Y dentro de quizás unos cinco años cuando finalmente se agoten sus baterías atómicas, seguirán su camino silencioso, durante millones y millones de años girando alrededor de la Via Láctea, y llevando el mensaje de una antigua civilización extinta llamada Humanidad.
Ubicación de los propulsores debajo de la antena de comunicaciones
